martes, 17 de febrero de 2009

//Hace tiempo me encontré una pajarita de estas de papel en el metro y no se muy bien si por aburrimiento o lo que fuera la desmonte y para mi sorpresa me encontré con esto que transcribo ahora, escrito en ella.

Aunque estaba escrito a mano y con algunas zonas borrosas como de haberle caído agua, creo que pude entender todo tal cual estaba escrito.


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Siempre me han gustado las pajaritas de papel. Mi historia comienza con una de ellas.

Hace bastantes años en un día cualquiera volviendo de la universidad en metro me di cuenta del ambiente negativo que me rodeaba.

En el metro la mayoría de las personas nos miramos fríamente, controlándonos unos a otros, como si no fuéramos humanos. Observamos lo que hace el que se sienta a nuestro lado pero aparentamos no verlo, juzgamos sin conocerle.

Aquel día intenté huir de esa situación. Con un folleto que llevaba en la mano y olvidándome de la gente que me rodeaba, lentamente empecé a construir una pajarita de papel. Estoy seguro de que alguien de los que me rodeaban se preguntaba que demonios estaría haciendo y porque, pero me daba igual, era mi tontería. Cuando llegué a mi estación la deje en uno de los bancos y me marché. Repetí esto día tras día, no buscaba nada pero en cierta manera me gustaba y me evadía de aquella negatividad.

Uno de los días cuando me marchaba tras depositar una de ellas oí la voz de una chica, me dijo que me había visto hacerlo antes y quería saber porque todos los días dejaba una pajarita de papel en la estación, no supe darla una respuesta pero continuamos hablando y lo que en principio pareció una simple coincidencia acabó, con el paso de los días, en una gran amistad.

Continuamos hablando día tras día y tiempo después, aquella preciosa chica y yo manteníamos un noviazgo, sentía que mi vida era perfecta y me dí cuenta de que aquella pajarita y la mujer que conocí gracias a ella me había dado todo lo que deseaba.

Pasaron los años y ya comprometidos nunca deje de fabricar pajaritas, como un pequeño detalle a un amigo que marcha, un familiar que echas de menos o simplemente a alguien querido.

Mi vida con ella era perfecta, la quería tanto que cada día junto a ella tenia algo especial, su sonrisa, su forma de hablar, cada detalle de su personalidad me hacían quererla aun más.

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En una fría tarde de invierno mi mujer volvía del trabajo cuando fruto del cansancio se durmió al volante y tuvo un accidente. No hubo forma de salvarla y murió antes de que pudiera verla.

El día del funeral construí lo que para mi serían mis dos últimas pajaritas. Una de ellas teñida de negro y sellada con mis lágrimas yace bajo tierra junto a mi amada. La otra ahora desecha entre tus manos cuenta mi historia.