
Buenas noches, damas y caballeros.
En esta noche gris de otoño quiero confesar algo que me ha rondado por la cabeza desde hace un par de noches atrás.
Creo que soy bohemio.
Si, habeis leido bien, bohemio.
Desde que tengo uso de razón siempre he sentido que no me parezco al resto de seres humanos.
La gente que me rodea es predecible y aburrida, y todos pasan por los mismos estados:
primero, de niños, todos tienen sueños enormes;
luego se convierten en adolescentes adictos a las emociones vagamente fuertes, que les proporcionan las noches en vela y las sustancias químicas que les "dan la felicidad";
más tarde crecen, maduran y mueren por dentro, y sus máximos sueños son tener una casa grande, una gran cuenta en el banco, un gran coche y una pareja que todos puedan envidiar...;
por último, acaban su vida convertidos en ancianos que suspiran porque se les ha pasado la vida y no han conseguido hacer realidad los sueños que tenían cuando eran niños. Tal vez los olvidaron, o simplemente eran el precio a pagar por recorrer el camino hacia la "grandeza".
Yo en cambio soy bohemio, y por eso no entiendo todo este ciclo absurdo que convierte a las personas en cifras. Que absorbe su tiempo lentamente, como los hombres grises, de la novela de Michael Ende "Momo".
Nunca he querido convertirme en otra cifra, y aunque tristemente, somos seres de costumbres, probablemente acabe mis dias pensando en los sueños que tuve de niño.
Lo que me hace diferente al resto, lo que me hace destacable, es que nunca he dejado de ser un niño por dentro.
Aún guardo sueños absurdos y caras familiares, recuerdos, y dulces momentos en la memoria.
Aún me junto con personas (ojo, personas, no gente) que conservan vivos sus ideales y sus sueños, por eso convivo con ellos, porque sé que ellos también se resisten a tirar a la basura todos sus sueños. Ellos también son bohemios.*
Si, bohemios, vagos, bebedores, idealistas, románticos, soñadores y vividores; sobre todo soñadores.
Asi somos.
Tal vez no seamos distintos del resto, aunque nosotros lo creamos ciegamente, como si esto fuera otra escalera de Buero Vallejo.
Pero en el fondo de nuestras mentes hay algo que si que nos diferencia: nunca hemos perdido nuestros ideales, ni hemos dejado atrás las ganas de soñar.
Brindemos por ello
*Dedicado a todos mis amigos, porque sé que ninguno ha dejado de lado lo que es :). Gracias.
Que bueno levantarse y echar un vistazo al blog como si nada y derrepente encontrarse esto !!
ResponderEliminarComo decian en Moulin Rouge: ¡Viva la vida bohemia!